Échala resaladina y échala con resalero,
que hoy en día vale más la alegría que el dinero.
El pericote se baila en una sala decente
con una buena muchacha que tenga de quince a veinte.
Viva la flor de casado, la libertad de soltero,
viva el mozo que me gusta, viva yo porque le quiero.
Vale más una morena de los puertos de Cabrales
que cincuenta señoritas de la marina de Llanes.
El baile del pericote y es un baile escandaloso
y en el pueblo de Tresviso lo bailan mozas y mozos.
Aquella que está en el baile, la de la punta de allá,
parece montañesita en el modo de bailar.
En el lugar de Tresviso dicen que no hay alegría
y se rompen los zapatos de noche como de día.
Eres tú la resalada y eres tú la de la sal,
eres tú la que cambiaste paño finu por sayal.
En el lugar de Tresviso y los caños de la fuente,
las portillas de la iglesia, donde se juega mi suerte.
Báilala bien bailada, no le rompas el mandil,
mira, que, no tiene otro la probecita infeliz.
Y a la ventana la tienes, mírala con detención,
si se pone colorada y es que te tiene afición.
Morena más que morena, morena más que una mora,
no sé qué tiene tu talle que a todo el mundo enamora.
En el lugar de Tresviso, señoritas no hay ninguna,
pero hay mocitas con garbo que todo lo disimulan.
Dicen que la pena mata pero yo digo que no,
que si la pena matara ya me hubiera muerto yo.
Que bien parece La Treme y en lo más alto del pueblo,
las rosas en los rosales y el perejil en el huerto.
Las mocitas de Tresviso ya sabemos lo que son,
veinticinco pinos de oro que relumbran como el sol.
La Vargona de Tresviso, madre, ¿quién la subirá?
La suben los tresvisanos con mucha serenidá.
De los tres colores, madre, lo moreno es lo mejor,
lo blanco lo lleva el aire, y lo coloradín el sol.
De la raíz del olivo nació mi madre serrana
y yo como soy su hija, nací de la misma rama.
Anoche estuve a tu puerta triqui traca con los dientes
y tú estabas en la cama con los perniles calientes.
Viva el lugar de Tresviso y los ramos de laurel,
vivan las mozas y mozos que se pasean por él.
Qué atrevimiento fue el mío al ponerme aquí a cantar,
hubiendo tanta maestra como hay en este lugar.
Al mozo que está bailando se le caen los pantalones,
la culpa tuvo la sastra que no le echó los botones.
Si quieres que vaya a verte y echa a tu perro cadena,
que me ladra cuando voy a vesitarte, morena.
No te fíes de los hombres aunque los veas tú misma,
son capaces de engañar a las ánimas benditas.
Dices que dijo el alcalde y nos tienes engañados,
que nos vas a hacer mañana un puente para acordarnos.
Viva el pueblo de Tresviso rodeadito de arboledas
y el que no diga lo mismo a puñaladinas muera.
Y ¡ay!, lugarín de Tresviso ¿cómo no te van a ver?
no tenemos carretera ni quienes nos venga a ver.
Coloradina y guapina yo no lo quisiera ser,
la manzana colorada todos la quieren comer.
Los mocitos de Tresviso, todos se quieren casar,
las mocitas de Tresviso, todas los van a ignorar.
Dicen que la van, la van, dicen que la van a hacer
más arriba de tu casa, la fuente para beber.
Allá va la despedida envuelta en un paño verde,
que la reciba mi amante donde quiera que se encuentre.
Y allá va la despedida en labios de una morena,
que una despedida sola que no tenga ni cadena.
Allá va la despedida y en la despedida un ramo
y en el ramo un papelito, yo me despido cantando.
Una despedida sola dicen que no vale nada,
y por eso yo, señores, se la doy acompañada.
Recogido en diferentes ocasiones por José Manuel Fraile, El Ciliembru, Aurelio Vélez y Danitu.
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